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Visibilidad Notoriedad y Reputación

Visibilidad, notoriedad y reputación en la empresa

Visibilidad, Notoriedad y Reputación

Comunicación, estrategia y emisores inteligentes

Visibilidad, Notoriedad y Reputación. Estamos inmersos en un mundo interconectado, global, con sobreabundancia de información. Somos testigos o protagonistas de numerosas actividades relacionadas con la producción y transmisión de símbolos o contenidos. Marcamos una diferencia frente a las sociedades agrarias,  industriales o de servicios. Y el progreso no cesa. Por ejemplo, primero se habla de big data, y sus jotabites (MB elevado a 5). Ahora se evoluciona de cara a poner en valor el concepto del smart data: sacar evidencias y conclusiones de estos datos.

Como anécdota, situémonos hace ya bastantes años antes del boom de Internet. Entonces se calculó que se necesitarían varias vidas humanas, con sus noches incluidas, para leer todo lo que se escribía en el mundo en 24 horas. El fenómeno de Internet y la revolución digital han acelerado sin remedio este proceso. Hoy en día tiene unas proporciones inimaginables.

Multitud de canales para difundir información, y democratización del fenómeno del emisor, al menos en cuanto a posibilidad de comunicar mensajes, han transformado nuestro modo de vivir y de entender el mundo. Estos hechos, unidos a las últimas crisis económicas, y a la quiebra de los modelos de negocio tradicionales de la industria de la comunicación, nos han introducido en una nueva era de relaciones e interacción social. ¿Mejor, peor? Cuando menos, diferente.

 

Concentración multimedia (Visibilidad)

Las reacciones de las empresas inmersas en el panorama profesional de la comunicación no han dejado de producirse ante estos fenómenos. La consecuencia ha sido clara: unificación de los recursos, concentración multimedia. Los emisores suman sinergias en función de todo tipo de intereses, sobre todo el de la supervivencia. En el contexto de la industria se han reducido los espacios desde los que difundir mensajes.

Como avisaba ya hace casi dos décadas uno de los expertos más destacados en Comunicación de nuestro país, Eduardo García Matilla:

En Estados Unidos ya se hablaba en los noventa de conglomerados industriales-militares-mediáticos-financieros.

En España se puede excluir lo militar, pero sí se manifiesta en la unión de:

  • la industria (eléctricas y telecomunicaciones),
  • lo mediático (medios de comunicación)
  • y lo financiero (bancos y fondos de inversión).

La realidad ha venido para quedarse. ¿Quién iba a pensar, hace tiempo, que el Grupo Prisa y el canal de Comunicación de Telefónica pudieran llegar a necesitarse para continuar con sus respectivos devenires profesionales?

contenido en la empresa

La reacción de organizaciones y ciudadanos (Notoriedad)

Pues bien ¿cómo afecta esta realidad a todos aquellos que desean canalizar sus mensajes a la sociedad? Es decir, empresas, instituciones, ciudadanos… Como se ha apuntado, se viven realidades contradictorias. Por un lado, la concentración multimedia ha restado espacios en la “plaza pública”. Sin embargo por otro, la revolución digital ha democratizado el acceso a canales de comunicación que antes no existían. Ahora permiten una interlocución directa entre los emisores y los receptores, junto con un feed back completo. Esto se traduce ahora en la era de los mass media lo que antes resultaba imposible.

Todo se ha tornado mucho más complejo. En la década de los noventa, la televisión reinaba en el escenario de los medios de comunicación, y representaba el canal por excelencia para impactar a audiencias masivas. Hoy en día, hay que tener en cuenta que el target, el público objetivo, no solo no es un ente pasivo, sino que puede erigirse en emisor a la vez. Si se desea llegar con mensajes a los públicos que interesan, ya no se encuentran concentrados ante una pequeña pantalla. Lo que hay que hacer es desarrollar estrategias inteligentes para identificar los “nichos”, seleccionar los canales, definir los mensajes, segmentar los acciones…

Un nuevo contexto que exige redefiniciones y nuevos modelos de actuación que están poniendo a prueba. También a los profesionales del marketing, la comunicación, la información… Y como cabía esperar, cada uno encuentra su camino en función de aquella especialización que mejor domina.

 

Visibilidad, notoriedad y reputación

En este marco coyuntural, las empresas e instituciones, organizaciones y ciudadanos, mantienen su necesidad vital. Todas las marcas, sean corporativas o personales, pretenden fomentar su visibilidad, notoriedad y reputación en su ámbito de actividad. Porque existe una realidad indiscutible:

El valor intangible de la proyección de la imagen corporativa, institucional o personal, bien optimizado, se traduce en el incremento de los parámetros de negocio.

Pero el panorama descrito con anterioridad obliga a ejercer la creatividad e inteligencia para operar con efectividad entre tanto “ruido” comunicacional. Las fórmulas tradicionales de promoción, además de costosas, están en crisis. El boom de las redes sociales ha consolidado un sueño deseado desde hace tiempo: la interactividad, y la capacidad de usuarios, consumidores y ciudadanos, de protagonizas las relaciones de comunicación. Con todo, es un marco de acción complementario, que ha de sumarse a muchos otros como se empieza a evidenciar. De esta manera se conocen mejor los riesgos que conllevan muchas veces para la reputación de la marcas.

Las empresas e instituciones, los ciudadanos, las marcas en definitiva, desean adaptarse a estas nuevas reglas del juego. Los objetivos son los mismos de siempre: reconocimiento público, y desarrollo de su crecimiento y de sus resultados de actividad. En consecuencia rentabilidad, económica y de imagen.

La “destrucción” de las certidumbres del pasado obliga a poner en valor el talento de los emisores de cara al futuro. Y si pensamos en actividades promocionales o de comunicación, bien es cierto que la publicidad tradicional sobrevive. El marketing se hace digital, las relaciones públicas innovan y se refuerzan. Los medios de comunicación convencionales, a su manera, se mantienen, y con ellos las estrategias de publicidad… Pero nadie sabe qué va a hacerse presente en el futuro.

 

El valor de ser fuente de información (Reputación)

No obstante, sí cabe remarcar un argumento que, producto de la propia necesidad del ser humano, podrá acompañarle en su destino:

La exigencia de difundir y recibir información, información de valor para la supervivencia o el desarrollo como especie.

No parece equivocado, por tanto, pensar que todas aquellas organizaciones o individuos que refuercen sus competencias. Que se presenten como emisores de contenido de relevancia para los demás. Estos tendrán éxito en sus trayectorias vitales. Y si ello los posiciona como referentes en su ámbito de actividad, el interés hacia su marca (corporativa o personal) parece garantizado.

Una referencia a tener en cuenta y que puede resultar clave en los próximos años. Y los que antes se posición en en este esquema de trabajo, antes pueden ganar la partida. Al final, los seres humanos parecemos empeñados en repetir la historia. Al fin y al cabo, Steve Jobs ya lo hizo en su época…