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Conozca sobre la Depresión y cómo evitarla

Depresión

Conoce más sobre la Depresión y aprende a evitarla

Aunque no parezca un tema tan grave o tan urgente a tratar, no confiarse ante la aparición de la depresión y tratarla al instante sería lo más idóneo, ya que este terrible mal puede afectar tanto a niños, como jóvenes, adultos y adultos mayores, y puede traer consecuencias a corto, mediano y hasta a largo plazo si no se trata correctamente.

La Depresión

Existen distintos tipos de depresión que pueden afectar a las personas; una de las más comunes es la llamada “depresión clínica” que afecta física y mentalmente a las personas, transformando su manera de actuar, de pensar y de sentir. Este estado mental puede considerarse además como una enfermedad que afecta relaciones tanto laborales como personales (familia, amigos, amor, etc.) y puede ser la causa de traumas psicológicos que causarían la pérdida de apetito, sueño y otras actividades comunes necesarias en el ser humano.

A pesar de ello, el lado positivo es que la depresión no es una enfermedad que no pueda tratarse. Con el diagnostico correcto y utilizando los métodos adecuados pueden suprimirse por completo sus consecuencias.

Causas de la Depresión

En algunos casos, la depresión puede ser originada por la existencia de niveles muy altos de cortisol, dopamina, serotonina y noradrenalina en las personas, lo que causaría, por ejemplo, un ambiente tenso que podría afectar a todos los integrantes de un núcleo familiar.

Otras causas comunes:

Otro tipo de causas son los impactos emocionales muy fuertes, que no suelen tratarse correctamente y en lugar de solucionarse, se instalan en la mente de las personas. Este tipo de depresión no tiene consecuencias inmediatas, pero, de igual forma, varios impactos emocionales seguidos sin tratamiento suelen causar, a mediano o largo plazo, cambios y desequilibrios en los neurotransmisores del cerebro que probablemente causen:

  • Disminución del interés en distintos tipos de actividades del día a día.
  • Variaciones en el peso de las personas debido a la falta o aumento de las horas de sueño y también al cambio en la alimentación (pudiendo causar incluso anorexia, bulimia u obesidad).
  • Estado de decaimiento constante, incluso irritabilidad y empatía para con las personas dentro del entorno del individuo con estado de depresión.
  • Anemia, causada por insomnios, disminución en el peso, etc.
  • Pérdida de la capacidad de concentración.
  • Pensamientos suicidas recurrentes, a tal punto de idear planes sobre cómo el individuo con depresión podría ocasionar su propia muerte.

Consecuencias de la Depresión

La depresión tiene como consecuencia un estado constante de desánimo que afecta a las personas tanto mental como físicamente. Aunque no lo parezca, los riesgos que corre una persona con estado depresivo pueden ser severos si no se tratan a tiempo.

  • Desilusión, desesperanza, desánimo. La fortaleza que caracteriza al ser humano no existe en personas con depresión. Dicha enfermedad les hace perder la habilidad para sobreponerse ante las dificultades. Hasta podría convertirse en una carga para sus allegados.
  • Pérdida de la autoestima. Las personas con estado depresivo dejan de ver en sí mismas sus virtudes. Tienen mayor dificultad para plantearse nuevas metas y sienten con frecuencia que en su vida abunda la soledad y los problemas. Les cuesta ver las soluciones y suelen tener mayor dificultad para recuperarse de las enfermedades.
  • Consecuencias físicas. Los más comunes son la pérdida del apetito, los dolores de cabeza, cansancio frecuente y debilitamiento del sistema inmunitario.

Tres resultados positivos que podemos obtener de superar la depresión:

  • Estado de liberación. La sensación de liberación que siente una persona al soltar eso que tanto le causaba problemas puede ser increíble. Al abrir las puertas hacia nuevas oportunidades sin sentir la carga que conllevaba tal estado emocional.
  • Fortalecimiento de la mente. Las personas que han logrado superar un estado emocional depresivo suelen volverse psicológicamente más fuertes que otras. Incluso pueden convertirse en potenciadores de otras personas y/o personas resilientes
  • Equilibrio emocional. Cuando la autoestima regresa a sus niveles normales, el autocontrol que logran conseguir las personas puede servir para afrontar posibles irregularidades que surjan en el futuro. Sin embargo, con mayor equilibrio y astucia. Una persona que goza de autocontrol emocional aprende a sobrellevar las dificultades. A disfrutar de los pequeños momentos, por más efímeros que estos puedan ser.
Depresión

Conoce la Depresión

Consejos para evitar la Depresión

Una persona positiva es una persona feliz, carente de malos pensamientos y, por lo tanto, carente de depresión.

  • Rodéate de gente positiva. Si sientes que hay algo malo en tus pensamientos de hoy, toma un descanso. Sal a rodearte de gente con la que puedas pasarlo bien. Esto te permitirá refrescar tus pensamientos y te darás cuenta de que a pesar de ellos siempre existen momentos para disfrutar.
  • Sé agradecido. Claramente existen muchas cosas positivas que actualmente pueden estar ocurriéndote; analiza cuales son dichas cosas y apóyate en ellas para salir adelante y resolver las cosas negativas. Si te sientes deprimido empieza ya tu lista de agradecimiento!
  • Sal de la rutina y conoce nuevos escenarios. El peor enemigo del hombre es la rutina. Distrae tu mente y tu cuerpo con nuevas sensaciones y nuevos pensamientos que te alejen de los problemas, esto te incentivará para tomar un respiro y continuar.
  • Amplia tu mente, incrementa tus expectativas y toma las riendas de tu felicidad. Solo tú puedes saber lo que es mejor para ti y lo que podrá hacerte feliz. Hazlo “porque quieres, porque puedes y porque te lo mereces”.

En ocasiones, si la depresión es severa, conviene visitar al psiquiatra. Si se trata de una problemática manejable puede superarse con psicoterapia, las más de las veces irán combinadas.

 

De La desesperanza Aprendida al Cambio Esperanzador

Indefensión aprendida

De La Desesperanza Aprendida Al Cambio Esperanzador

La desesperanza aprendida

Según la desesperanza aprendida hay momentos en la vida en que creemos que algo es imposible, aun cuando haya afirmaciones que sustenten lo contrario. Hay otros, en que somos incapaces de mostrar nuestro rechazo hacia determinadas acciones que amenazan o ponen en riesgo nuestra integridad física o moral.

El término desesperanza o indefensión aprendida es fruto de las pruebas que realizó un equipo dirigido por el psicólogo Martín Seligman. Demostró que un grupo de perros sometidos a descargas eléctricas… -estímulos aversivos incontrolables- (en principio los perros no tenían otra opción) perdió la respuesta de escape.

Cuando después se le presentaron alternativas para moverse y evitar la descarga no lo hicieron. De este modo, el grupo de perros se mostraba indefenso. Sin motivación alguna para desplazarse hacia un sitio seguro. No tenían otra reacción que la de permanecer en su sitio.

A partir de estos resultados, y con estudios posteriores en humanos, se determinó que quien experimenta la desesperanza aprendida, puede ver una situación, o la vida misma, desde un estado de resignación, con un “velo” que le impide ver alternativas para alcanzar sus objetivos o para evitar aquellas situaciones en donde es agredido. Es como si se volviera cómplice de su propia situación adversa.

¿Que ocurre cuando vivimos en la desesperanza o en la indefensión?

La teoría cognitiva, una de las teorías que explican lo que Seligman denomina “estado psicológico”, afirma que se produce un déficit en tres niveles específicos: emocional, cognitivo y motivacional.

Déficit emocional: surge una serie de trastornos psicofisiológicos que pueden conducir a la depresión con las implicaciones que ello tiene. Por ejemplo, en experimentos realizados con animales que aprendieron a estar indefensos, su nivel de actividad sexual disminuyó llegando, incluso, a la impotencia.

Déficit cognitivo: en este caso hay alteraciones en algunos neurotransmisores. Esto conlleva a una ralentización del proceso de aprendizaje en ámbitos diversos de la vida. No solo en el específico donde la persona estuvo expuesta a los estímulos incontrolables. Le cuesta procesar información y comete más errores.

Déficit motivacional: la persona se muestra desmotivada y ello se traduce en comportamientos y una corporalidad característica donde predominan los movimientos lentos, posiciones de sumisión, espalda encorvada, etc. Es su forma de expresar su “si nada va a cambiar, ¿para qué lo intento?

Y es que cuando aprendemos la desesperanza, nos sentimos rendidos. Es como si un atleta declarara su derrota antes del pistoletazo de salida. La indefensión como opción única implica frustraciones constantes, a pesar de que el ámbito en el cual se vivieron las experiencias desagradables haya sido uno solo.

La persona que atraviesa por este estado generalizó una situación aversiva y filtra su realidad a través de esta lente. Entonces termina convirtiéndose en profeta del desastre. La vía es una sola y conduce indefectiblemente al fracaso. Piensa que “haga lo que haga, nada va a cambiar, así que no tiene sentido intentarlo”. La presuposición de base que le caracteriza es la predictibilidad fatalista.

Ahora bien, en un mundo donde es tan difícil predecir lo que va a suceder:

¿Porque el desesperanzado no se atreve a cuestionar sus resultados?

La respuesta está asociada con el miedo y la necesidad de no exponerse al proceso que conlleva buscar nuevos resultados. Por ello, el primer paso es fundamental. Consiste en buscar esa evidencia histórica de que sí se puede y de que “lo único constante, es el cambio”.

Antes de abordar soluciones específicas, es importante ver más allá de nuestra “realidad”. Cuando creemos que no podemos cambiar algo, hablamos de nuestra realidad, no de la naturaleza propia de las cosas. Nada es absoluto.

Indefensión aprendida

¿Es el caso del elefante sujeto a un a cuerda mínima un caso de indefensión aprendida?

¿Hay casos de personas que hayan estado sometidos a la desesperanza aprendida tal como lo he estado yo?

Sí y no solo eso, sino que también superaron su situación y aprendieron a defenderse, a decir que no y a tener otra mirada con una riqueza de alternativas incluidas.

Se trata de desmontar la generalización, de particularizar entendiendo que el hecho de que nos haya sucedido algo que juzgamos como negativo, que nos haya sucedido en repetidas ocasiones no implica que tenga que ser siempre así.

Lo que piensas y lo que dices te define

Estamos determinados, entre otras cosas, por lo que pensamos y decimos. Nuestros pensamientos nos condicionan y nos hacen actuar de una u otra forma. Cuando hacemos proyecciones donde algo nos sale mal. Cuando asumimos que las cosas son como son… Estamos dando por sentado que el estado de indefensión es permanente. Sin embargo, vale la pena recordar que a la desesperanza aprendida le acompaña el apellido: “aprendida” No es una frase absoluta. Esto abre las puertas porque no nacimos así, sino que , por alguna razón lo que nos tocó vivir y que no pudimos controlar, lo aprendimos y lo hicimos parte de nuestra cotidianeidad.

La idea es que aprendamos nuevas rutas y que nos atrevamos a explorar y a cuestionar el juicio de que no tenemos control sobre nada en la vida. Se trata de pasar de la resignación a la ambición, por mucho o poco que cueste. Si no probamos la primera vez, jamás podremos guardar el registro del momento en que sí pudimos.

Somos seres de hábitos y en la medida en que practiquemos nuevas formas y las hagamos parte de nuestra rutina, entonces habremos aprendido el polo opuesto de la desesperanza o la indefensión: la esperanza.

Nada es absoluto, y es importante recordarlo, porque siempre estaremos expuestos a estímulos y hechos que no podemos controlar en ámbitos que muchas veces no imaginamos: la economía, el terrorismo, la política y un largo etcétera, que está diseñado para hacernos sentir lo más limitados posible. El optimismo y la evidencia de que sí podemos será fundamental en este tipo de casos donde sea necesario que ampliemos nuestras opciones.

Sociedades y personas diversas han vivido la desesperanza aprendida. Si ellos pudieron superarla y aprender que sí se puede, ¿por qué tú no?

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Autoestima ¿Cómo es que la formamos y cómo podemos mejorarla?

La resiliencia se puede trabajar

Autoestima ¿Cómo es que la formamos y cómo podemos mejorarla?

La autoestima no es otra cosa que el aprecio y la valoración que alguien siente hacia sí mismo, hacia sus capacidades y sus habilidades. Este aprecio está fundado en creencias y juicios de valoración que tienen verificación interna y externa.

Debemos señalar que la verificación principal nos conduce a la última de ellas. Porque la información que recibe todo ser humano en sus primeras etapas proviene de cuanto aprendemos y percibimos del exterior. No nacemos con una autoestima determinada. La aprendemos con base en las cosas que nos pasan, sobre todo en nuestro primeros años.

Por ejemplo, un niño de dos años ríe a carcajadas y a nadie parece importarle que el sonido de su risa pueda incomodar. Su cerebro entiende que reírse de ese modo está bien y que nada debería cambiar porque su comportamiento es motivo de alegría para otros. Se siente, de alguna forma, reconocido y validado.

Nuestra autoestima habla del mundo que vemos

Imaginemos ahora que el mismo niño tiene cuatro años y que, en plena reunión familiar, suelta una carcajada que recibe comentarios de desaprobación. Por ejemplo: “Para ya de reírte así que me molesta”.

El niño, quien siempre se ha reído del mismo modo, entiende que esa forma de manifestarse está mal. Surge entonces un choque de escenarios que afectan su identidad y se genera una situación que toma forma cuando el niño adquiere su “uso de razón”, hecho que sucede cercano a los siete años de edad.

Gracias a su raciocinio y a las críticas que recibe, puede llegar a interpretar que las cosas que hace están mal. Que él mismo está mal, que es tonto. Que nada de lo que hace gusta, que es inútil y otras ideas del mismo tipo.

Así pasa el tiempo y ese niño llega a la adolescencia. La etapa en la que termina de formar su identidad y en la que busca pertenecer y sentirse aceptado. La etapa en la que consolida su sistema de creencias. Después de haber recibido años de críticas, de prohibiciones que antes no tenía y de comentarios acerca de otras personas, incluso de su mismo rango de edad, asume que él no es suficiente, que no es digno de amor o que todo lo que hace está mal. Termina de consolidar su propia “realidad”. 

Autoestima

“Si tienes la capacidad de amar, ámate a ti mismo primero” Charles Bukowski

¿Qué nos hace pensar que las cosas que creemos o que nos dicen sobre nosotros son ciertas?

Una de las presuposiciones de la PNL (la más famosa) dice lo siguiente: “el mapa no es el territorio”. Esto tiene una traducción más sencilla y trivial: “cada quien tiene su propia realidad”. Los seres humanos basamos nuestros mundos y nuestros mapas en interpretaciones.

Dicho así, el camino para mejorar tu autoestima presenta alternativas que tal vez no habías visto. Regresemos al origen del tema para plantear otra parte del proceso por el cual tomamos una experiencia y la convertimos en un modelo incuestionable.

¿Por qué alguien que recibe una crítica acerca de su risa termina por creer que todo con respecto a él está mal?

La respuesta es sencilla: nos gusta (y a veces nos conviene) generalizar. Si un día tomamos un cable con la parte de cobre expuesta y sentimos la corriente eléctrica, asumimos que así va a ser siempre. Clasificamos aquella acción como una verdad absoluta. Por supuesto, en ese contexto la generalización es funcional. Porque nos protege, pero… ¿qué pasa cuando creemos que cometer un “error” hace que seamos tontos, inútiles o incapaces?

Es entonces cuando generamos conversaciones que nos maltratan, que dejan ver nuestra poca o ausente estima.

Mejora tu autoestima reconociéndote y reconociendo a los demás

Una vez que crecemos y podemos hacer un examen consciente de las cosas que escuchamos sobre nosotros, podemos hacernos preguntas claves para desmontar esas creencias que nos invalidan.

¿Quién dice que debo ser perfecto? Detrás de muchos problemas de autoestima hay unas autoexpectativas altas, por lo general cercanas a la perfección. Todos cometemos “errores”, es parte de nuestra naturaleza. Cuando nuestros estándares son excesivamente altos, nos es más difícil querernos a nosotros mismos porque viviremos insatisfechos y decepcionados la mayor parte del tiempo.

¿Quién es la persona que me hace las críticas? Antes que mencionemos algún lazo consanguíneo o relacional específico, debemos decir que es un “ser humano”, por lo cual estamos en presencia de otro ser imperfecto que se equivoca tanto como nosotros.

Sucede que nuestras figuras de autoridad terminan moldeando muchos de nuestros comportamientos con sus comentarios. No suele ser lo mismo que un padre le llame tonto a su hijo, a que lo haga un desconocido. Cuando entendemos que aquello que nos decía una figura de autoridad no tiene por qué ser cierto, damos un paso adelante. Nos hacemos responsables de nuestro ser.

Comenzamos, casi enseguida, a valorarnos y conseguimos que sí somos capaces. Nos abrimos a ver las cosas que hemos hecho bien en la vida. Para tener una autoestima fuerte es importante ejercitarla. Recordar las evidencias que tenemos de nuestros logros. De esos momentos en los que tenemos comprobación de que hemos actuado de forma.

 Si tú no fueras tú, ¿qué te dirías para tener una mejor autoestima?

Las personas con poca autoestima suelen tener diálogos internos maltratadores, conversaciones recriminatorias hacia sí mismo, ataques ante la más mínima equivocación. Vale la pena revisar qué es eso que nos decimos en nuestro accionar cotidiano. Tener amor propio no siempre resulta fácil, pero si vas a convivir contigo las 24 horas del día, los 365 días de la semana, ¿cuáles serían las cosas que te dirías para lograr una autoestima ideal?

A pesar de los temas de autoayuda, las sugerencias y el resto de literatura que encontramos a nuestro alcance no siempre es fácil descubrir dónde nos estamos traicionando y cuales son las conductas y pensamientos limitantes que nos impiden tener una autoestima equilibrada. A través de la terapia gestalt podemos restituirla hasta recuperarnos por completo e incluso convertirnos en personas resilientes que superan la adversidad y salen reforzados. Si quieres más información puedes contactarnos a través del correo el teléfono o las RRSS.

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