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SECRETOS PARA SER UN BUEN CONVERSADOR

Conviértete en un buen conversador

Ser un buen conversador o simplemente iniciar una conexión con alguien a través del diálogo, es la habilidad con más demanda en la actualidad. En teoría parece ser fácil, pero cuando no conoces a tu receptor puede ser una tarea titánica.

La tecnología también te aleja cada vez más de la realidad, te convierte en un ser más automático. Así como ella facilita tu vida, incluso las comunicaciones, también disminuye el contacto personal entre los seres humanos.

Para algunas personas resulta más fácil teclear desde un computador o simplemente tener una aplicación en el celular. Estos recursos te facilitan tener una herramienta, rápida y simple para contactar a alguien a distancia. Sin embargo, paradójicamente también nos aleja del contacto personal.

¿Por qué la tecnología nos aleja de los demás?

En la actualidad es normal que aprecies todos los días personas que están sentadas en una mesa, pero con su celular. Incluso, tal vez en tu círculo social no puedan mantener una conversación sin que el celular los interrumpa.

Las tecnologías se convierten en protagonista y ya nos cuesta mirarnos a la cara para comunicarnos. Las relaciones humanas se tornaron más secas, hasta el punto de depender de esa herramienta tecnológica para hablar.

Esto se traduce en carencias para tu vida, como por ejemplo:

  • Falta de afecto
  • Dependencia de recursos tecnológicos.
  • Pérdida de confianza y de seguridad para contactar a las personas.
  • Miedo al rechazo o simplemente ser avergonzado por alguna razón.

Nos encerramos en nuestro mundo y nos convertimos en seres más solitarios. Aunque tengamos muchos amigos en Facebook por ejemplo, eso no es proporcional con la realidad más cercana a tu entorno. Tenemos seguidores en las redes sociales, pero nos cuesta ser un buen conversador hasta con nuestros familiares.

Esto a afectará en el tiempo tus relaciones en el cole, universidad, profesionalmente, en tu vida personal y cualquier aspecto de la cotidianidad. Así que ya es hora de tomar acciones contundentes.

Buen conversador

Nosotros te damos algunos tips para que inviertas tu tiempo en ser un buen conversador. Algunos de ellos son:

1.- No te compliques

Trata de iniciar una conversación de forma normal. Puedes saludar y preguntarle a tu receptor cómo se siente. Normalmente, esperamos un “bien” como respuesta. Si esto ocurre, es más fácil iniciar una conversación porque tu receptor está en condiciones de mantener una excelente conversación.

En el caso de que la respuesta del receptor sea contraria, “no estoy bien”, te recomendamos que no le saques conversación. Existe el riesgo de que la persona no quiera escucharte.

2.- Un buen orador sabe escuchar

La mayoría de las veces caes en el error de no escuchar a tu interlocutor. Tu interior comienza hablar y desear intervenir inmediatamente. Es en ese momento donde pierdes más de la mitad de lo que dijo el emisor.

Por estas razones, tenemos que practicar la escucha activa para convertirnos en un buen conversador.

3.- No importa que no tengas temas de conversación interesantes

Evita preguntarte qué tema puede ser interesante para tratar de captar la atención del receptor. No pierdas tiempo, y mucho menos te excuses porque no tienes un asunto interesante para comenzar hablar.

Toma en cuenta de que la gente le encanta hablar de ellos mismos. Por esta razón,  puedes apoyar a que prosiga su discurso sobre él mismo. Tu interlocutor sentirá empatía porque estás prestando atención de todo lo que dice. De esta manera, sentirá que puede seguir su diálogo al sentir que de alguna manera lo apoyas para que cuente más.

4.-No busques ser interesante

Cuando buscas ganar la empatía del receptor al ser interesante, pues logras el efecto contrario. Las personas se dan cuentan cuando quieres impresionar. Por ende, se alejarán de ti, además de clasificarte como mentiroso y charlatán.

Es preferible que llames la atención a través del interés que puedes demostrar por la otra persona. Cuando nos preocupamos por lo demás, es como una energía positiva que se devuelve y nos convierte en más humanos.

5.- Un buen conversador formula preguntas

Para mantener un diálogo, lógicamente tienes que formular preguntas. Trata de evitar que sean dicotómicas, es decir, cuya respuesta sea solamente sí o no.

Las personas les encanta hablar de sus problemas. Si quieres tener una conexión de inmediato, pregunta por sus inconvenientes. Luego compara con algún problema que tengas tú, se lo cuentas y eso genera un vínculo entre ambos.

6.- Elogia a tu receptor

Un buen conversador motiva a su receptor con aquellos aspectos positivos de su vida. De hecho, hasta en los momentos de crisis puedes ser un excelente apoyo con tu actitud.

La otra técnica es que le indiques al receptor que acudes a él para que te de un consejo. Esto te permitirá realzar su ego. Es decir, pensará que es un experto y que te diriges a él para solucionar algo importante para ti.

Cuando alguien de su opinión sobre algún tema en específico porque conoce del mismo, escúchalo y pídele que te ayude a escoger alternativas. Esto te servirá para crear una conexión, ya que comparten un aspecto en específico.

7.- Un buen conversador sonríe

No tengas miedo de sonreír mientras conversas. La sonrisa le da seguridad a la otra persona y es un gesto de cortesía. Cuando saludas y sonríes automaticamente el receptor no le quedará de otra que hacer lo mismo para conectar contigo.

En el caso que esta situación so suceda, significaría que esta persona no estaría de humor para conversar contigo. Recuerda que para iniciar con un diálogo se necesita tanto del receptor como del emisor.

8.- Cuidado con mostrarte cómo eres

Ten cuidado de hacer siempre lo mismo cuando intentas iniciar una conversación y no ha dado óptimos resultados. Si eres una persona introvertida es probable que no puedas establecer inmediatamente una conversación.

Si eres una persona tímida tendrás que cambiar para que ese encuentro con tu receptor sea fructífero. No te estamos pidiendo que modifiques por completo tu forma de ser, pero por lo menos se agradable y abierto a cualquier tipo de temas.

9.- Evita temas controvertidos

Un buen conversador al iniciar un diálogo con un desconocido evita temas controversiales como la religión, la política, entre otros que lleguen afectar emocionalmente a las personas.

Entre algunos temas que puedes elegir son: vacaciones, viajes, emprendimiento, gastronomía, entre otros que generen sensación de bienestar. Las personas se motivan más al conversar de temas agradables.

En resumen, para ser un buen conversador necesitas tener un objetivo de lo que esperas con esa conversación. Comienza por lo menos con un saludo, luego prosigue con un tema que esté en el momento o dadas las circunstancias. Si elijes algún tema trata en lo posible de que sean agradables y no caer en controversias.

Para que la conversación fluya trata de dejar a un lado la timidez. Aprende a escuchar a tu interlocutor y ser tolerante con sus opiniones. La mejor manera de ser un buen conversador es con la práctica.

Si quieres perder el miedo al hablar en público, El Trampolín es una buena opción. Nuestros cursos y sesiones te ayudaran a vencer tus temores y ser más corajudo para conversar con cualquier persona.

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La escucha (II) Cómo escuchar mejor para tener una comunicación efectiva

Escucha activa

La escucha (II) La comunicación efectiva

Cómo escuchar mejor para tener una comunicación efectiva

Comunicación efectiva. ¿Cómo escuchar mejor? De entrada, esta pregunta parece tener respuesta en el empleo de fórmulas matemáticas. Pero no, no hay un manual exacto de la escucha. Sobre todo, si recordamos lo que mencionamos en el artículo anterior sobre la no trivialidad de nuestra naturaleza. No somos máquinas receptoras de mensajes. No somos un elemento pasivo en el esquema de la comunicación, no somos un radio que reproduce la señal que recibe. Filtramos los estímulos según particularidades propias de cada quien.

Sin embargo, sí que hay cosas que podemos hacer para escuchar mejor y disfrutar de los innumerables beneficios que ello conlleva.

Empezamos haciendo mencionando la disposición. Estar dispuestos a escuchar no es sencillo. Estamos acostumbrados a esperar que el otro termine de decir su oración para poner nuestro comentario encima. A veces es tal el apuro por hacernos escuchar o por expresar nuestra verdad, que no nos damos tiempo para hacer un mínimo de silencio.

El paso previo consiste en revisar nuestra concepción de verdad. Esto porque asumimos que la mayoría de las veces, esta es absoluta. Decimos entonces que existe el dios único y verdadero, el mejor equipo del mundo, el mejor sistema político, que las cosas son como son, y ello nos cierra posibilidades para escuchar al otro y nos pone un muro en frente que obstaculiza la posibilidad de conocer al otro y de conocer su mundo.

Vivimos en un mundo de absolutismos, de imposición de criterios por sobre los de los demás. El precio a pagar no es bajo, sino todo lo contrario. Tenemos guerras, discusiones inútiles, conversaciones que no conducen a ningún lado, y gran parte de ello, por creer que conocemos la verdad absoluta.

No se trata de ir por la vida sin criterio alguno. Se trata de poder asumir lo que escuchamos con flexibilidad, siempre que esto no conduzca a que nos falten el respeto o a que nuestra dignidad se vea afectada.

Escucha activa

Y tu… ¿te limitas a oír  o a escuchar activamente?

Escuchar es cuestión de significados

Otro aspecto relevante y que vale la pena mencionar es la posibilidad de abrirse a conocer los significados que tiene el mundo para la gente que nos importa o que nos rodea. Al fin y al cabo, oímos palabras, lo que en lingüística se conoce como significantes, pero no validamos sobre lo que una palabra significa para el otro.

Por ejemplo, una mujer que manifiesta no sentirse amada por su pareja habla de su significado de la palabra “amor”. Es probable que esta persona obtenga como respuesta una frase del tipo: “Pero cómo dices que no sientes amada, si siempre vamos al cine y a comer”. El error pudiera radicar en que estamos acostumbrados a respuestas para preguntas fácticas. El circuito pareciera ser:

“Pregunta> respuesta”

En vez de:

“Pregunta > indagación > reflexión > validación > respuesta”

Para escuchar no basta con poner atención, hay que indagar, reflexionar y validar.

El sistema educativo nos acostumbró a preguntas cerradas, incluso con opciones de selección simple. Evitamos por mucho tiempo el ejercicio reflexivo.

Ante el planteamiento de la mujer que dice no sentirse amada, sería muy útil indagar y validar lo que para ella significa el amor, sobre sus estándares de una palabra, que a todas luces, es subjetiva, puesto que no hay parámetros ni indicadores exactos que permitan dar cuenta de su forma ideal. El amor, como tantas otras cosas abstractas en la vida, no puede medirse con un, por ejemplo “amórmetro”.

Escuchamos si indagamos, si nos interesamos de verdad por aquello que nos dicen y por las personas que nos hablan.

Aceptar y ceder para escuchar mejor

Otros componentes importantes de la escucha son la aceptación y el respeto. En la medida en que entendamos que el otro es un legítimo ser con una “verdad” legítima para él, podremos bajarle intensidad e nuestro enjuiciador interno y abrirnos a la escucha.

Pero escuchar no implica solo respetar, sino ceder. Aquí es donde muchos fracasan y chocan contra una pared. No se trata de vivir y hacer la voluntad de los demás siempre. Se trata de conseguir puntos medios donde ambos salgan beneficiados y donde sea posible mantener las relaciones o terminarlas de la mejor manera posible, conversando y aclarando los puntos que sean necesarios para evitar que se quede material no dicho que genere resentimiento posterior.

Si nos importa una relación, si queremos conservarla o conservar la posibilidad a futuro, entonces habrá cosas que cambiar o ceder. En eso se basa la diplomacia y por eso existen los mediadores. Personas que ESCUCHAN (sí, en mayúsculas) y son capaces de indagar, validar y proponer concesiones.

Por último, para que todo esto suceda, la empatía resulta importante. Eso que de forma sencilla explicamos como “ponerse en los zapatos del otro”. ¿Qué lo hace decir lo que me dice y qué puedo hacer para escuchar y atender a su inquietud?

Como ya lo dijimos, escuchar no es un acto pasivo. Por el contrario, requiere de esfuerzo y práctica. De lo contrario, estaríamos siendo irresponsables con un acto al que damos por hecho, pero que si lo valoramos en su justa dimensión, nos abre un abanico de posibilidades para lograr una comunicación efectiva.

Y tú, ¿qué piensas acerca de tu escucha?

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La escucha activa en el ámbito de la comunicación (I)

Escucha activa

La escucha activa en el ámbito de la comunicación

Escucha activa. Prestamos poca atención a la escucha, queremos hablar y que nos escuchen. La publicidad y la propaganda nos venden la idea de que merecemos ser escuchados y atendidos, pero poco se nos dice sobre cuando quienes debemos escuchar somos nosotros ni sobre las ventajas que ello tiene.

La mayoría de nosotros identifica el acto de escuchar con el de oír, y son cosas distintas. Veamos lo que significa cada uno según el diccionario de la Real Academia:

Escuchar: 1. tr. Prestar atención a lo que se oye.

Oír: tr. Percibir con el oído los sonidos.

Dicho esto, y obviando algunas definiciones por cuestiones prácticas, entendemos que el acto de escuchar no es lo mismo que el acto de recibir un estímulo con el aparato auditivo y decodificarlo según códigos que ya conocemos, en este caso, la lengua o el idioma. Oímos porque es una capacidad biológica, propia de nuestra especie, escuchamos porque desarrollamos la habilidad.

Esto nos aclara que son palabras próximas en significado, pero muy distintas en aplicación. Entendemos esta escucha como parte imprescindible para una comunicación activa. Habiendo establecido estas diferencias básicas y necesarias, surge la siguiente pregunta:

¿Por qué no escuchamos, aunque creamos que sí?

Es frecuente que las personas a nuestro alrededor digan frases del tipo: “es que mi pareja no me escucha”, “es que nadie me escucha”. Y puede que esa persona tenga razón. Veamos porqué.

El modelo tradicional de comunicación que se nos enseña es, básicamente, este:

Emisor > mensaje > receptor

Prescindimos de algunos otros elementos del esquema para hacer sencilla la explicación. En todo caso, el modelo que señalamos está basado en los trabajos de ingeniería de la comunicación de C. Shannon, y el mismo está aplicado a máquinas.

Por tanto, nos acostumbramos a creer que oír es escuchar, que el solo hecho de percibir un sonido o una palabra equivale al fenómeno de la escucha. Estamos hablando de una equivalencia compleja que no tiene relación verdadera y que bien vale la pena ser revisada.

Damos por hecho que sabemos escuchar:

Asumimos que participar en una conversación asintiendo o estando “presente” implica que estamos escuchando. Craso error. Es entonces cuando surgen las “fallas en la comunicación” y los conflictos que, en algunos casos, llegan a ser insalvables.

Ignoramos que no somos máquinas y que no podemos recibir información tal como una máquina lo haría, simplemente porque no estamos preparados para ello. Por ejemplo, un radio recibe las ondas que se emiten desde una estación y las reproduce con gran fidelidad. Al menos, en cuanto a sentido, nada se pierde, las señales no deben ser interpretadas cuando el radio las recibe, solo reproducidas. No es este el caso para los humanos.

Al respecto, el biólogo chileno Humberto Maturana, señala que “no tenemos un acceso privilegiado a la verdad”. Por ejemplo, vemos algunos colores, y aunque tengamos una vista privilegiada, jamás alcanzaremos a verlos todos. El ojo humano percibe hasta 100 tonalidades y casi 1 millón de colores. Sin embargo, no podemos ver radiaciones como la ultravioleta. Nuestra biología no nos permite más. Distinguimos lo que podemos y lo que consensuamos. De este modo, hacemos interpretaciones de colores y de nuestras realidades. Lo que para algunos es un tipo de blanco, para otros puede ser beige. Y aquí es donde está el meollo de la escucha. En la subjetividad.

Escucha activa

La escucha activa mejora la calidad de nuestra comunicación

¿Cómo es que la escucha activa es un hecho subjetivo?

Habiendo aclarado y distinguido el hecho biológico del oír, avanzamos sobre la escucha, sobre lo que el sociólogo chileno Rafael Echeverría define como la suma de las acciones de oír e interpretar.

Es precisamente el hecho de no ser máquinas el que nos hace estructuras no triviales, esto significa que no vamos a responder siempre igual a los estímulos, por similares que estos últimos sean.

A los seres humanos nos condicionan diversos elementos. Todo acto de escucha estará enmarcado dentro de un contexto. Por ello es importante validar y establecer el marco de referencia dentro del cual nos dicen lo que nos dicen. Jamás será lo mismo escuchar una persona que nos hable sobre el ámbito laboral que sobre la relación afectiva que alguien tenga con nosotros.

Algunos ejemplos:

La escucha activa es fundamental en el ámbito laboral. Mejora la productividad y reduce los errores aliviando la carga de trabajo. En otro contexto, una conversación de pareja, tiene un marco de referencia que amerita un tipo de escucha muy especial con condiciones que deben ser atendidas con esmero según el grado de importancia que le demos a la relación. La escucha será el paso fundamental que nos servirá para diseñar lo que digamos, y lo que digamos nos abrirá o cerrará posibilidades con esa persona.

A veces nos perdemos oportunidades valiosas para escuchar y zanjar diferencias, solo porque no seleccionamos un momento adecuado para tener conversaciones. Pretendemos prestar atención a lo que nos dicen cuando nuestras interpretaciones estarán sesgadas por pensamientos sobre el trabajo, el estudio, discusiones con el jefe.

Aparte del contexto, también es importante revisar el estado emocional desde el que escuchamos. Nos condicionan nuestras emociones y nuestros estados anímicos, así que un mismo mensaje puede ser interpretado de formas distintas según el momento. No es lo mismo escuchar a alguien después de haber tenido un momento de enfado en el trabajo, que hacerlo tomándose un café. No es lo mismo escuchar para una persona que vive desde la resignación que desde la paz y la aceptación.

Este factor es vital y marca, como pocos, la subjetividad con que escuchamos. Visto que vivimos las emociones de forma distinta, escuchamos de forma distinta.

La escucha activa es determinada por nuestra historia

Aparte de estos dos elementos es necesario mencionar el rol que juega en la escucha la historia personal y colectiva de cada quien. Y es que los hechos que cada uno viva, determinarán, no solo la habilidad para escuchar, sino los intereses y las condiciones del acto en sí. No escucha lo mismo un abogado que un futbolista, ni un religioso que un ateo, ni una persona de 50 años que uno de 30. Nuestras experiencias particulares, nuestras profesiones u ocupaciones, determinan el acto de la escucha.

La historia colectiva también nos determina en cuanto moldea la forma en que interpretamos lo que escuchamos. Un español entenderá algo de lo que entiende un venezolano, cuando le mencionen la palabra socialismo, por similares que sean sus apreciaciones sobre el tema. Los tiempos, las vivencias y la exposición a ciertos actos determinan la escucha.

Podemos resumir que somos seres interpretativos y es fundamental saberlo para escuchar y entender que alguien dice lo que dice, pero que el otro escucha lo que escucha. De cualquier modo, la vida y la escucha activa… son del color del cristal con que se mire.