¿Que es la inteligencia emocional?

Inteligencia emocional

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional nos permite aprender a sentir, entender nuestros sentimientos y modificarlos o controlarlos según la situación que tengamos frente a nosotros. Gracias a la inteligencia emocional el ser humano puede ser capaz, no de ocultar o reducir sentimientos, sino de saberlos manejar desde un mejor enfoque.

La inteligencia emocional nos ayuda a controlar nuestras emociones en lugar de que estas nos controlen a nosotros, y así poder disfrutar más de cada aspecto de la vida, y de una manera más profunda y perspicaz.

Este modo de vida permite a los seres humanos actuar y recibir cada momento y cada acontecimiento de su vida desde un punto de vista más tranquilo; aceptando y analizando sus carencias para así sacar provecho de ellas y, por lo tanto, sacar aun más provecho de sus habilidades al aprender a conocer como redirigirlas de una mejor manera.

Los que gozan de inteligencia emocional suelen aceptar nuevos retos sin miedo al fracaso y se comprometen con el cumplimiento de metas de una manera más positiva, y logran adaptarse con facilidad a cada situación. Algo muy importante, quienes han comprendido el significado de la inteligencia emocional han aprendido que pueden manejar mejor las emociones aún cuando se está bajo presión. Además de esto, también permite tener una vida con propósitos y a establecer mejores relaciones interpersonales.

Inteligencia emocional

¿De dónde surge la inteligencia emocional?

Este concepto nació gracias a dos investigadores, Peter Salavoy y John Mayer, pero alcanzó la popularidad que tiene en la actualidad con el libro Inteligencia Emocional (Emotional Intelligence) de Dan Goleman, publicado en el año 1996.

La inteligencia emocional nace de una actitud psicológica predispuesta donde la misma se antepone sobre las emociones y sobre la capacidad de llevar a cabo pensamientos y realizar análisis a través de ellos. Este método psicológico es una manera de combinar los sentimientos y los pensamientos para llevar a cabo mejores decisiones en base a ello.

La inteligencia es la capacidad para adoptar algún aprendizaje a partir de las diferentes situaciones que se nos presentan; esta da cabida a la observación, al análisis, a la memoria, entre otros aspectos, lo que nos permite generar pensamientos y conocimientos que, a partir de dicho aprendizaje ya generado, tendremos nuevas ideas y aplicar una mejor toma de decisiones.

Las palabras “emoción” o “emocionar” se refieren a la capacidad que tiene nuestro cuerpo humano de hacer notar el interés que verdaderamente tenemos ante cada situación y ante cada persona. Las emociones nos permiten expresar, a través de nuestros estados de ánimo, cuando estamos alterados, conmovidos o desanimados, entre otros.

Al contrario de lo que muchos pueden pensar, la inteligencia emocional se puede desarrollar porque todo empieza en el cerebro. La comunicación existente entre las emociones y el sentido racional de cada quien es la fuente más evidente de la inteligencia emocional. Si no lo sabían, en la médula espinal de los humanos inicia la recepción de los sentidos primarios que luego viajan a la parte frontal del cerebro para poder tener una reacción emocional luego de pasar por el sistema límbico, el cual es responsable de regular emociones, memoria, hambre e instintos sexuales.

La inteligencia emocional engloba cada uno de estos conceptos, mencionados anteriormente, para crear una nueva manera de pensar y de sentir en cada individuo que posee esta capacidad psicológica. “La inteligencia emocional no significa ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas”.

En el pasado se decía que la capacidad de crecimiento, surgimiento o éxito que podían tener las personas estaba determinado por su coeficiente intelectual y sus capacidades intelectuales, sin embargo, hoy en día se ha podido comprobar que el motor o la respuesta principal al crecimiento de las personas, es la inteligencia emocional.

Ya sea que estemos hablando de un vendedor, empresario, ingeniero, médico, matemático, psicólogo, etc., la inteligencia emocional que posea cada individuo será la que defina su crecimiento tanto en el aspecto social, como el personal y el profesional. Ha quedado comprobado que la característica que defina verdaderamente el éxito de la persona será su inteligencia emocional en un 80% y su coeficiente intelectual en un 20%.

El cerebro es capaz de “renovarse” pero ¿cómo?, así funciona:

  • El cerebro humano crea nuevas conexiones al aprender nuevas habilidades.
  • El cambio es paulatino, ya que el cerebro desarrolla nuevas conexiones para acelerar la efectividad y eficiencia de las nuevas habilidades aprendidas.

En otras palabras, existen formas de entrenar nuestro cerebro para aumentar la capacidad de aprendizaje y de liderazgo, para saber manejar nuestras emociones en el ámbito personal y profesional, tener una mejor comunicación, y controlar escenarios de estrés y conflictos tomando decisiones basadas en el análisis de la situación y no por impulso.

La inteligencia emocional busca crear una nueva manera de pensar y de sentir en cada individuo que desarrolle esta capacidad psicológica. “La inteligencia emocional no significa ahogar las emociones, sino dirigirlas y equilibrarlas”.

 

Tipos de emociones que nos ayudarán a definir la inteligencia emocional

  • Tristeza. Esta emoción es producida por la sensación de desánimo o la ansiedad que produce nuestra mente ante una situación que no podemos controlar y nos resulta amenazadora.
  • Alegría. La alegría genera en nuestro cuerpo y en nuestra mente una sensación de bienestar y alivio, que nos invita a reproducir más momentos de bienestar y convierte nuestros pensamientos a un estado de paz mental.
  • Ira. Esta sensación también es producida ante la aparición de momentos en los que nos sentimos amenazados. Esta sensación nos causa irritabilidad y enojo al punto de perder el dominio de uno mismo y en ocasiones incitándonos a adoptar un estado de violencia en diferentes situaciones y contra distintas personas.
  • Miedo. Este sentimiento es generado debido a un temor adoptado por el individuo por causa una sensación de violación a sus derechos, un sentido de pérdida irreparable o, en su defecto, por una sensación de culpa por haber cometido algún delito. Cuando la mente del sujeto genera pensamientos que son contrarios a los que este desea que ocurran, es allí donde comienza a generar la sensación de miedo.
  • Sorpresa. Esta sensación está determinada por acontecimientos que ocurren y que son ajenos al conocimiento de la persona. Cuando suceden cosas que el individuo no se esperaba es cuando se genera el sentimiento de sorpresa; esta sensación puede dar cabida a otras, ya sean de felicidad o de tristeza, según la percepción que tenga la persona del acontecimiento ocurrido.
  • Antipatía. Esta sensación de aversión es producida cuando alguien siente rechazo, aborrecimiento o repulsión hacia alguien o algo. Generalmente es un sentimiento instintivo que genera recelo, prevención o desconfianza de manera inmediata; sin embargo, también es dominado o redirigido por nuestros pensamientos.

En este mismo orden de ideas, se pueden definir a las emociones como un “estado afectivo que transforma de un modo momentáneo pero brusco el equilibrio de la estructura psicofísica del individuo” (Planeta Agostini, 1992). Asimismo, podemos definir que las emociones son relativas, ya que ellas dependerán los pensamientos generados por las personas.

En otras palabras, debido a que las emociones, así como los pensamientos, pueden ser controladas y dirigidas por las personas según sean sus preferencias y necesidades, la inteligencia emocional es una manera de generar pensamientos determinados, de una manera en la que podamos producir solo las emociones necesarias, que nos ayuden a enfrentar situaciones especificas sin darle oportunidad a las mismas de que puedan entorpecer futuras decisiones o proyectos.

La inteligencia emocional nos ayuda a entender el por qué de todas las sensaciones que son producidas por nuestro cuerpo y nos brinda el poder para decidir si erradicarlas o si son necesarias para sobrellevar los distintos escenarios dentro de nuestras vidas.

Cada sensación y cada emoción es necesaria en nuestro día a día. Nos ayuda a identificar distintas situaciones por las que pasemos. Es decir, el miedo nos ayuda a determinar cuándo nos encontramos ante una situación de peligro. La ira nos impulsa a reaccionar ante momentos donde sentimos que existe algún tipo de injusticia o donde sentimos que se violan nuestros derechos. La felicidad nos sirve para reconocer cuando algo nos brinda bienestar tanto a nuestro cuerpo como a nuestra mente. La aversión simboliza la existencia de aquellas cosas, situaciones o personas que nos impulsan a sentir rechazo o desagrado. Y así sucede con cada una de las emociones que diariamente se nos presentan a través de cada actividad rutinaria.

¿Por qué es necesario equilibrar nuestras emociones?

Las emociones son relativas, es decir, pueden tomar un rumbo tanto positivo como negativo, dependiendo de cómo nuestro cerebro analice cada situación. Ninguna emoción puede ser completamente positiva ni completamente negativa, debido a que, si se cree de esta forma y se llevan a cabo acciones en base a ello, causarían un desequilibrio en nuestras acciones, lo cual sí sería completamente negativo.

Una persona completamente positiva, es decir, que solo tenga sentimientos de felicidad, de bienestar y de regocijo no tendrá la capacidad de reconocer los momentos en donde pueda existir peligro o donde se pongan en duda sus derechos y su integridad. Asimismo, aquel individuo que es completamente negativo, es decir, que solo guarde sentimientos de culpa, de miedo, de tristeza o de rencor, no tendrá la capacidad para aprovechar las oportunidades, de gozar de buenos momentos o de llevar a cabo metas propuestas.

No existen emociones totalmente positivas o negativas; todas dependerán del lugar y de la situación que se nos presente, por ejemplo:

Imaginemos que nos despiden de nuestro lugar de trabajo, o que nos vemos afectados por alguna enfermedad, en ese momento será necesario gozar de un poco de optimismo para tomar el impulso necesario y lograr superar las diferentes adversidades (entiéndase que este optimismo no quiere decir que estemos llenos de alegría, ya que nadie siente alegría cuando le suceden cosas malas). Ahora bien, imaginemos que estas situaciones, en lugar de ocurrirnos a nosotros, le suceden a alguien a quien conocemos; ¿estaría bien alegrarse por el mal ajeno o lo ideal sería actuar en base a lo ocurrido? En ambos casos, sería necesario la existencia del positivismo para decir que “pudo ser peor y podrá solucionarse” y del negativismo para decidir instintivamente que “no sucederá de nuevo”.

Para que existan emociones positivas es necesaria la existencia de emociones negativas y para que existan sentimientos negativos es necesario que puedan diferenciarse de los sentimientos positivos. La capacidad que posee nuestro cerebro es impresionante; mas allá de la capacidad de utilizar el intelecto en un aspecto académico, nuestro cerebro puede reconocer situaciones de peligro (tanto física como emocionalmente) y a la vez hallarse haciendo, tal vez, cálculos matemáticos impresionantes.

¿Quien descubrió la inteligencia emocional y como se popularizo este concepto?

Este término fue utilizado por primera vez durante la década de los 90 por Peter Salovey y John Mayer, los cuales provenían de Harvard y New Hampshire respectivamente. Ambos se regían por la idea de aprender a controlar y regular los sentimientos y utilizarlos como guía para proceder ante distintas situaciones.

Este concepto, implementado por primera vez por Salovey y Mayer, fue basado en un modelo psicológico implementado anteriormente, dentro de la década de los 80, por Howard Gardner, al cual llamó “inteligencias múltiples”.

Sin embargo, fue Daniel Goleman quien popularizó este nuevo concepto llamado Inteligencia Emocional, en donde hacía referencia a distintas habilidades, como por ejemplo: Conciencia, autorregulación, optimismo, empatía y socialización.

Algunos tipos de habilidades emocionales según D. Goleman

  • Conciencia. Este tipo de habilidad nos permite determinar nuestra manera de expresarnos, cómo nos expresamos y como sentimos y pensamos en cuanto a determinadas situaciones. Nuestra conciencia será lo que nos ayude a diferenciar lo bueno de lo malo y actuar según sea el caso correcto.
  • Optimismo. Gracias al optimismo las personas han logrado desarrollar la capacidad de ser perseverantes ante distintas circunstancias, logran atacar y superar sus frustraciones, automotivarse para cumplir nuevos retos y superar pérdidas, etc. En líneas generales, esta habilidad es una de las más imprescindibles para que las personas logren alcanzar el éxito a pesar de las adversidades.
  • Autorregulación. Esta habilidad nos permite controlar nuestras emociones, nuestros impulsos y nuestras acciones. Gracias a la autorregulación los seres humanos podemos decir que hemos desarrollado la capacidad de pensar antes de actuar y decidir sobre nuestros estados de ánimo, controlar la ansiedad y diferenciar lo que debemos hacer sobre lo que no tiene caso resolver.
  • Empatía. Esta habilidad contribuye con el reconocimiento que realizan las personas respecto a lo bueno y lo malo que encuentran en los demás. A través de la empatía decidimos a quien brindarle confianza y a quién no. La empatía ayuda a establecer vínculos, mediante gestos verbales y no verbales, para reconocer los sentimientos de las demás personas. Esto sucede de manera inconsciente mediante la interpretación de señales no verbales, por lo general.
  • Socialización. Finalmente, esta habilidad, de la mano con todas las demás, será la que culmine enlaces con otras personas, es decir, la capacidad de socialización de cada persona estará determinada por las habilidades anteriores; haciendo uso correcto de la autorregulación, el optimismo o la conciencia, podrá determinarse si se establecerá o no una buena o mala relación social con los demás.

La capacidad que posee nuestro cerebro es impresionante; mas allá de la capacidad de utilizar el intelecto en un aspecto académico, nuestro cerebro puede reconocer situaciones de peligro (tanto física como emocionalmente) y a la vez hallarse haciendo, tal vez, cálculos matemáticos impresionantes.

De esta forma, se puede decir que uno de los enigmas descifrados por el hombre hasta hoy es la inteligencia emocional, ya que engloba y utiliza ambos lados del cerebro (arte y materia gris) para lograr un equilibrio perfecto que nos ayude a tomar las mejores decisiones en nuestras vidas.

La Inteligencia Emocional en el Coaching

Aunque muchas personas exitosas acuden al coaching para pulir sus habilidades, la mayoría quiere aprender a identificar las cosas positivas y negativas de su personalidad para fortalecer las positivas, evidentemente. A pesar del éxito, muchos líderes se ven afectados por elementos como:

  • La falta de paciencia
  • No saber escuchar a los demás
  • Querer tener siempre la razón
  • No darle el merecido respeto a los demás
  • La arrogancia

En casos como éstos, el coaching ha resultado ser efectivo, para redireccionar la forma en como se hacen las cosas comúnmente. Como la inteligencia emocional es una capacidad que se puede desarrollar en el transcurso del tiempo, el coaching puede mejorarla sustancialmente. Cuando los líderes que reciben coaching se muestran motivados en el aprendizaje de comportamientos y aceptan sugerencias de cambio que realmente rinden frutos, se les hace fácil dejar a un lado los aspectos negativos que mencionamos anteriormente y como resultado habrá un compromiso mayor por querer avanzar hacia otro nivel con el propósito de servir de inspiración a quienes los siguen.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

64 − = 63